Sudores...



Erecto


Sin mas alimento que un cuerpo,
el deseo lo acompaña por apetito,
esa lívida mirada evaporando las ropas
pasando impuros salivazos a través de la garganta.

Ese único pensamiento adornando el cerebro
como viajero perdido en la niebla,
las carnes que lo llaman, los silencios
lo excitan, pero sólo el demonio se alza.

Perforar, atravesar, clavar, mirar sin tocar,
ese líquido que lacera en el cielo provocando
la lluvia, esa lluvia que cae al desierto
y hace brotar la lujuria.

La torre esta erecta y ha penetrado
al cielo, un orgasmo que exhala
el vapor de los cuerpos tendidos
sobre las agujas del reloj.

Las prisas se han hecho prisioneras
de los labios que llevan el puñal
entre las piernas, las pesadillas de
ensueño, los encantos de la noche.

La figura escueta se ha forzado
como el murmullo en la sordera
y hacia el muro lanza besos y palabras
con el puñal en la mano en señal de amenaza.



A solas


Parada en el silencio,
recorriendo espacios
que humedecen las lenguas
en contacto intimo.

Las manos caen, se elevan,
se transportan a otras piernas,
un cuerpo de cuerpos
que no se limita,
una voz que no grita,
un dedo que no señala,
pero que en movimiento,
le hace saber que es ella
de quien se trata.

A solas,
al borde del fuego,
ardiendo en húmedas llamas,
lentamente cayendo,
el ombligo avisa que pasa,
un arete, una lengua,
sudor viscoso.

Ella ríe, a solas.

Toma agua sin tener sed,
rebosa la piel,
el líquido seminal es
un vacío total.

Cierra los ojos,
los senos avivan,
poros que explotan
sin chispa que detone.

A solas,
siente que viene,
unos minutos de silencio
y el calor decae en lluvia.

Ella ríe a solas.

La masturbación es un acto fallido.


Yo también he sido sexo


Yo también he sido sexo,
carne palpitante sin vibración propia.
He sido ondulación, senil,
manchado a veces con sangre ajena.

Presenciando orgasmos mecánicos
al son explosivo de los cuerpos,
el cerebro erecto engaña,
la gran verdad oculta entre las piernas.

El encanto de la fémina es su caminar sereno,
su sexo me pertenece, a sabiendas de mi ausencia;
me postro en su pecho, lamo sus ojos,
la camino lentamente, la desgarro sin afán.

Yo también he sido sexo,
huellas dormidas en alguna parte,
humedad que baja por el cuello,
labios mordidos, uñas locas que gritan
mi nombre sin saberlo.

Evocando los suspiros me precipito hacia algún abismo,
he sido victima de mi engaño,
de mi alteración efímera,
te tomo y te desecho, tan reutilizable,
absurdamente sensible y penetrable.

El encanto de las féminas esta en su caminar sereno,
esa incitación voluptuosa que me llama en su mirada.

He sido sexo en sus murallas, en sus cielos, en sus calurosos
lechos excito la violencia,
me degenero y me contengo, coqueteo,
gimo para no perder el encanto.

Al final de la noche en la cual he sido sexo,
me vengo,
me voy…

Señalamientos...


1

Las voces de la noche
son estrellas tendidas
en mareas de lenguas
dormidas sobre un beso.

Largo día de sueño…

Los pasos son caminos
al borde del cuerpo caído,
rincones de lluvias
calidas en los ojos.

Tanta sangre me hace
soñar y siento de nuevo
como mi camino se expande
hacia ti, sombras de dioses
muertos en tu ausencia.

Intentando despertar
al joven que me habita,
sin saber a donde ha ido
por tantos años.

Por tantos años
ha dormido sin soñar
con un camino,
gracias por soñar.

Cabeza de asfalto
y cuerpo de papel,
sin rostro,
sin sangre.

Perros de caza tras
la verdad de los hombres,
ladrar de piel
y llantos de miradas blancas.

Créeme, no se mentir,
en verdad, tan sólo soy un hombre,
que actúa y camina y se desespera
al sentir la lluvia mojar mis pies.

Mi mente es un desierto
que desgasta mis recuerdos
fundidos con el llanto.
He creado un sol
que sólo nosotros podemos sentir,
y la luna lo besa en la frente.

Los ríos yacen condenados
por pensar que la muerte era su amiga.

Caídos por vagar, caídos por pensar.

Mi cuerpo es un torrente
que se suprime delicadamente
como una noche silenciosa,
y he creado una luz
que me permite brillar
en la distancia de los días
en que me opaco.

Los ríos incurables
recorren los valles tortuosos
caídos por buscar, caídos por cantar.

Y los niños bailan
siguiendo tus pasos,
caídos por correr,
caídos por caer.

He olvidado tus agravios
ya que mi piedad es verdadera,
alguna noche tomaras mi sangre.

Me has llamado falso
sin conocer mis marcas
incorporadas en mentiras.

Una vez pensaste que yo
era un pálido hombre,
pero sin conocer que mi piel
era negra.

Un hombre no puede
soñar con la muerte,
todos los espejos
reflejan los años
que pasan sin pagar.

Pensaste que yo
era un viento taciturno,
mi piel es alcohol hirviendo
que el viento consume,
una vez pensaste que yo
era un camino equivocado,
pero erraste al compararme con Jesús.


2


El frío no congela la noche
sin perder su esencia,
oculto en las nubes
oscuras de la lluvia.

Sin cielo,
un sitio para soñar,
lejos de todos los
cielos se encuentra un dolor
comparado sólo con la lluvia
que nadie puede sentir.

Perros ladrando a los cometas,
volcanes helados y flores malsanas,
podemos tener la vida en la mano,
sin cielo para caer, al lado de caminos
no transitados.

Animales al acecho,
el hombre que corre
sin hogar en el bosque,
amarillos cielos
que cubren su rostro,
ya no se contempla el color
de su frente.

El dolor es un niño
que tiene miedo de perder
el cariño que le han prestado.
Una rosa de hielo,
una ofensa sin perdón.

El tiempo no se regala
en vitrinas, exhibido como
un obsequio.

Sin embargo,
te puedo regalar mi voluntad.

Siempre he querido caminar de tu mano,
pero olvidaste donde nací
y no has podido encontrarme.

Los días de lluvia me han tragado,
y he caído entre las rocas,
este azul no es agua,
es un regazo de mariposas
angustiadas.

Este día hace más frió que ayer,
pero no importa,
he perdonado la lluvia.

¿Te divierte cantar el coro
de los dementes que vuelan al arco iris?
Eras mi amigo, ahora no se tu nombre,
pero no importa, los nombres no dicen nada.

Las noches pasan cantando,
¿no importa que yo sea mudo?


3


He nacido de un útero
marchito, cada roce de la piel
es un insulto,
también respiraba acido,
y todos los días me sentía en una sepulcro sin flores.

Este agujero es un sollozo,
que día a día me recuerda
mi presencia,
sin saberme, me he convertido en un monstruo
que no sabe reconocer la verdad de la ilusión.

Un sueño
un temor del alma
un refugio
un día de calma.

He intentado volar,
pero los ángeles han fallecido.

Este augurio es una piedra vacía
que se alimenta de sol
y de nardos florecidos,
que recrean lenguas de cielos
y afectos de moscas en las bocas.

Bajo el suelo,
tengo miedo,
sin control
sin poder cantar
que he sido engendrado para morir.

Este regalo no es para mí,
cae polvo y he tragado
las noches sin dormir,
sin poder darme un abrazo a mi mismo.

Manos sin dedos
ojos blancos,
camino de luna
alrededor del sueño.

Vida prestada,
nunca la pedí,
camino de cielo.

He llorado todas
las faltas ajenas.


4


He consumido este suspiro eterno
sin conciliar el sueño,
soy un pilar encallado en las costas
donde nadie arriba.

He tendido mi mano
al olvido que nadie habita,
no puedo llorar
pero puedo reír.

Todas las palabras
son lobos hambrientos,
todas las manos
son libros sin leer.

He tenido suerte de vivir-me,
si mi nombre no dice nada,
es porque aun estoy vivo.

Música que viaja
sonido de la noche,
prisas en los pasos.

Soy una tormenta
que vuela…que vuela…


5


Y todos los misterios
son fugases
y todas las risas
son cantos
de niños que algunas vez
sintieron miedo de crecer,
de infantes temerosos
de perder.

Los ojos son burbujas
de jabón,
las casas esconden sueños
no realizados,
encantos de la niñez
que se van,
aspirados,
evaporados con el tiempo.


Y todas las cosas
que creímos hacer,
fueron hechas,
cortadas con hachas,
el filo del papel
que no escribe sobre pieles
ni en ojos cerrados.

Hemos crecido
y tan solo somos hombres
que no lograron reír,
no somos niños,
los bebes lloran,
no saben que serán hombres
malformados por sombras,
injustos acontecimientos.

Soy un niño,
un invierno
un sollozo
un soplo.


He crecido.


6

La conciencia se ha perdido
buscando la cordura,
un primer termino es el YO
que se expande.

Un fantasma se ha casado
con su miedo de asustar,
un fatigado esfuerzo
por cumplir un horario.

Los muertos rezan a los vivos
pero olvidamos que moriremos,
y tal vez,
también recemos.

Un secreto es una piedra
escondida en el fondo del mar,
que se oculta de los peces
que no quieren verla.

Mira,
somos peces
y nadamos en acuarios
frecuentados por murallas.

Luciérnagas de sal
saltando abismos
para brillar
en mares distintos.

Amarillo limón,
manos fuertes que se abren
y que gimen, gotas de lluvia
en los ojos que no lloran.

Estoy viejo.


7


¿Me conoces?
me llaman silencio.

Solía ser un joven alegre
pero el tiempo lo sabes,
camina por nosotros.