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Los Relatos de la Muerte




Los Relatos de la Muerte, obra ganadora del tercer Premio Internacional de Poesía Desiderio Macías Silva en el año 2011 (México). Jacobo Márchal, el autor de la obra manifiesta en ella la culminación de un camino, el cual se resume en el encuentro con la muerte; suceso de gran significación para el poeta, acto que se evidencia en cada uno de los poemas que configuran la obra, donde es ella, la Muerte, la musa encantadora quien desvela la idea de vida como un descenso funesto a lo humano.  La presente obra alcanza un gran nivel poético, manifestando de tal modo una belleza sombría pero al mismo tiempo encantadora, una inevitable sinceridad y a la vez una ficción precisa. No en vano es Jacobo Márchal el elegido por la Muerte para llevar a los hombres su propia imagen que nada tiene de inconclusa. 

De tal modo es el Señor Márchal el encargado de cantar los finales, se acude entonces a la lectura de la obra de un poeta de la muerte.

James Stone





Relato de muerte número uno: ¿Y Dios?

¿Cuantos de ustedes piensan 
que están vivos?

Caminaron a la iglesia
en búsqueda de dios,
rincón por rincón,
oración por oración
y no lo encontraron.

Caminaron al bosque
en búsqueda de dios,
semilla por semilla,
arroyo por arroyo
y no lo encontraron.

Volaron al cielo
creyendo que allí estaría dios,
nube por nube,
ave por ave,
tampoco estaba allí.

Descendieron la Muerte
en búsqueda de dios,
y tan sólo
hallaron su cadáver.




Relato de Muerte número cinco - Ella

Nunca he conocido un sabio, 
y si existiera, sería mujer.

Noche sumergida en olas
de café acre,
silencios tendidos sobre
suelos verdes.

Ella está parada al borde
del fuego que la chimenea
desprende
ansiosa por encontrar el
momento preciso en que
su piel roce tenuemente
los límites del tiempo.
Sus brazos arqueados
forman un Yo colmado de
adioses,
púrpuras palpitaciones
de invierno que yacen
en sus ojos.

Al filo del cuerpo,
instante preciso en piensa no ser ella.
Tocan la puerta…

- ¿Quién es?
- Soy YO.
- ¿Quién soy yo?



Relato de Muerte número diez –El Poeta

Todos los poetas 
son hijos de la Muerte.

Sus palabras yacen atascadas
en sus dedos, atadas en la
ventura del sueño incesante
que silencia la alcoba.
Imposición derivada de la existencia
que su cuerpo recae a ritmo
lento y en extraña consciencia.

Todos los silencios le pertenecen,
su vida fue un festín
de ausencias,
todo lo que deseó fue encontrar
el verbo perfecto para relatar su presencia.

Nada escribe en la oscura
ensoñación de su mañana inhabitada.



Relato de Muerte número catorce: In-tacto

Todo sentimiento humano
está sujeto a su simplicidad. 

Soy destructor de formas,
de límites.
Soy el extremo latente que desconocen,
inflexible, mordaz.
Puedo construir donde muchos han muerto,
jugar con cráneos,
esculpir tu nombre en ellos,
borrarlo,
inventar un nuevo lenguaje o pintar el silencio.
Soy ondulación,
manchado a veces con sangre ajena.
El encanto de la fémina está en su caminar sereno,
su sexo me pertenece, a sabiendas de mi ausencia;
me postro en su pecho, lamo sus ojos,
la camino lentamente, la desgarro sin afán.
Evocando sus suspiros las precipito
hacia el gran abismo,
han sido víctimas de mi engaño,
ese fuego que arde y se consume.
He sido sexo en sus murallas,
en sus cielos, en sus calurosos
lechos excito la violencia,
me degenero y me contengo,
coqueteo,
gimo para no perder el encanto.
Las tomo entre mis manos
y ellas me atan con sus piernas,
queriendo, en sus adentros,
con desprevenidas ansias
despertar todos mis miedos.
A veces también he sido  muerte,
huellas dormidas en alguna parte,
humedad que baja por el cuello,
labios mordidos, pieles sueltas
que escriben mi nombre sin saberlo.
Al final de la noche,
el aliento se detiene sobre el filo,
me descubro, me rebelo.
Denle tres aplausos al Señor Márchal.




Relato de Muerte número veintidós: La vanidad de la muerte

No es insomnio
el amor que siento hacia la noche.

No mendigar al cielo sus aguas
ni tomar del árbol sus frutos.
Tener lo tenido y tirarlo,
infausto destino tenerlo,
pues las manos quedas
siempre callan
y sin fuerza pierden brillo.

Aun así, lozanos unos
que cantan el himno de la vida
y en sinfonía ciega murmuran
—no al mutismo—
adorando,
previendo
incierta abundancia.

Para los que no creen en silencios
la muerte es una eterna fiesta.







Lecturas

XXII Festival Internacional de poesía de Medellín 2012


Celebración Semana Mundial de la Poesía - Universidad de Caldas, Manizales 2012

Lecturas

Jacobo Márchal - Presentación de Libro Poca Tinta.

Clausura XXII Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Angye Gaona, Luz Adriana Henao, Jacobo Márchal y Catalina Garcés.
Casa Museo Pedro Nel Gómez

Jacobo Márchal - Casa de la Cultura Barrio Antioquia.

Angye Gaona, Luz Adriana Henao, Jacobo Márchal y Catalina Garcés.
Casa Museo Pedro Nel Gómez.

Angye Gaona, Jacobo Márchal y Catalina Garcés.
Casa Museo Pedro Nel Gómez

Andry Bondar, Andreas Neeser, Jacobo Márchal y María Clara Sharupi. Municipio de Itagui
Angye Gaona, Luz Adriana Henao, Jacobo Márchal y Catalina Garcés.
Casa Museo Pedro Nel Gómez.

Carlos Franb, Jacobo Márchal, María Teresa Panchillo y Gonzalo Fragui.
Casa Barrientos para la Lectura Infantil. 

Jacobo Márchal y Emerson Tabares.

Clausura XXII festival Internacional de Poesía de Medellín.

III Encuentro Internacional de Artistas y Escritores, Tarija, Bolivia.

Carlos Franb, Jacobo Márchal, María Teresa Panchillo y Gonzalo Fragui.
Casa Barrientos para la Lectura Infantil.

Jacobo Márchal - Festival de Poesía al Parque, Itagui.

Jacobo Márchal.

Jacobo Márchal, Festival  de Poesía A la Sombra de un Yarumo.

Jacobo Márchal, Itagui.

Presentación 15º escuela Permanente de poesía.

Jacobo Márchal - Expouniversidad.

Rene Aguilera Fierro y Jacobo Márchal. Gobernación de Tarija. 

Presentación 15º Escuela Permanente de Poesía.

Ricardo Contreras, Yheny Correa, Gloria Davila y Jacobo Márchal. Tarija.

Jacobo Márchal - Festival de Poesía a la Sombra de un Yarumo.

Jacobo Márchal.

Festival de Poesía al Parque.

Jacobo Márchal - Gobernación de Tarija, Bolivia.

Jacobo Márchal - Clausura XXII festival Internacional de Poesía de Medellín.

Casa de la Cultura barrio Antioquia.

Sore Snid, Maria Paz, Javier Rabiarte, Jacobo Márchal, Juan David Ochoa y Felipe Lopez.
Banco de la República.

Angye Gaona, Luz Adriana Henao, Jacobo Márchal y Catalina Garcés.
Casa Museo Pedro Nel Gómez.

Javier Rabiarte, Jacobo Márchal, Juan David Ochoa y Felipe Lopez.
Banco de la República, Manizales

Clausura XXII festival Internacional de Poesía.



Jacobo Márchal

Felipe Lopez, Jacobo Márchal, Juan David Calle, Juan David Ochoa y Javier Rabiarte.
Semana Mundial de la Poesía, Manizales.

Presentación del Libro Poca Tinta.


Jacobo Márchal - Presentación del Libro Poca Tinta.

Jacobo Márchal - Clausura XXII festival Internacional de Poesía.

Cuando el Alma Despierta

Puede descargar el libro titulado "Cuando el alma despierta" aquí.

Prosa - Al otro lado del Espejo


I

Y dije: si fuera mujer sería una puta. Todos los placeres que podría otorgar estarían sujetos al movimiento de mi cuerpo insensible bajo el cobijo de un diferente hombre cada noche, ¡no! , más de un hombre por noche, más de un cuerpo solitario, ebrio e insensato.

¿Que mas podría yo esperar de un hombre? ¿Qué más podría yo esperar? Dímelo, maldito hombre que me habitas, que esperas del mundo sino putas, vaginas, tetas y demás. Me he cansado de esta visión tan común. Si, lo repito, si fuera mujer sería una puta. No amo el dinero pero puedo aprender a quererlo de igual manera que puedo querer a todos los hombres que lo poseen, puedo caminar con las piernas abiertas por todos los lugares, prestándome, siendo una asesina de la virginidad y promotora de la obscenidad.

Además, si tus manos han estado entre tus propias piernas, te prestaría las mías para que me urges, para que toques mi alma de mujer abandonada en las calles por mí misma. Mis necesidades no se pueden saciar, ¿sabes de qué me alimento? No, no me gusta saborear el pecado, mi alimento es el orgullo, no son lo suficientemente hombres como para obtener amor sin dinero, si, crees que él maneja el mundo. Compra un lujoso auto y márchate al infierno. Te estaría esperando. Esto si fuera mujer.

Si fuera mujer, sembraría en mi vientre la semilla de tu carne, saciaría con gusto tu apetito, te haría de comer siendo yo tu alimento, beberías mi sudor ajeno al morder mi piel, sería yo la noche por todos vista, cada estrella en mí sería un beso ya vendido.

Me alojaría en la oscuridad de las esquinas por tantos transitadas, una palabra que va, una proposición que llega, dos cuerpos que se van y uno solo que regresa. Una rutina que varía de cuerpos, de tamaños, de voces y sensaciones. Si fuera mujer y fuera una puta; no tendría temores, sería yo una mujer, una puta y un demonio; mi propio demonio. Saldría cada noche en el carro del desasosiego abrigando la ilusión de volver más tarde, después de inyectar de placer a mi posible asesino.

Soy un hombre y soy una puta, soy mujer y soy mi propio cliente; soy el despojo que usurpa mi propia cama, penetro alegremente mi llanto para esperanzarme en el abismo que a todos nos cobija; vivo de la ilusión de mi propia mirada sobre mis propios ojos, sobre mi ser propio e impropio.

Ah, ¿Por qué no puedo simplemente entregarme sin cobrar? ¿Por qué hay más confianza en un precio? También necesito amar, sentirme deseado; aunque sea un momento, aunque sea una simple alucinación que se presenta ante un espejo cada mañana, ahí, con un vestido largo, adornado con ojos que me miran, con dedos que me tocan y silencios que me confortan.

II

Tengo los ojos cansados de mirar siempre lo mismo, una habitación, un solo cuerpo, un mismo instante, un mismo rostro que se refleja en el espejo y que no para de reír; maldito, te burlas de mí, ¿no sabes que soy tú? Tu risa te burla, te estanca, te mata y a mi también.

Te marchas, regresas y nuevamente habitas un simple reflejo ausente; sabes que te espero con ansias y no vuelves, miro el reloj, cada vez el tiempo se traga un poco mas de mi angustia, me pregunto ¿Dónde estas? Miro el espejo y te veo, pero no eres tú, soy yo que te tengo atrapado en mis pupilas ardientes, cuan ultima visión antes de la muerte. Te grito, pero solo yo escucho la voz que se propaga entre el humo del cigarrillo consumido en el suelo. Me he parado a buscarte más de diez veces, bajo la cama, sobre mi cama, en el baño, en el closet, en el humo, en el silencio, en la oscuridad de la calle, en los pasos de los zapatos sin dueño ahora, en todas tus cosas que ahora son mías; en todos los recuerdos que me llegan y que prosiguen generándose solos, como si solo vivieras en mi cabeza, como si solo para mí vivieras en el recuerdo de un muerto que pronto llegará a consumir todo este momento que ahora me consume.

Sé que aun no has muerto, sé que estas vagando sobre las calles que reposan en mi mundo exterior, en todo lo que existe por fuera de mí. Pero aún así no dejo de extrañarte, fuiste mi mejor postor, me diste lo que nunca pedí, lo que nunca soñé en mis mil vidas y lo que nunca soñaré en ésta que me queda; pero en tu huida me ha quedado un verso marcado en los tímpanos, el cual suena y suena perforando mi razón en un déjà vu. Esta música me lleva en su viaje al pasado, los sonetos muertos que remueven mi cerebro, y aún así me pregunto por ti; llegarás cuando me encuentre dormido, gritaras a mi nombre y dormirás tranquilamente. Y después, levantaré mi cuerpo para buscarte y no estarás ahí, en tu cama, en tu rincón, con tus piernas encogidas. Y mientras tanto yo; ya no tendré cigarros sobre la mesa.

Luego caminaré por las esquinas impregnando mi llanto, simplemente mirando la lluvia retorcer el cielo, el infierno azul que nos espera, allá, lejos del presente en que nos encontramos separados por la piel quemada y fresca. Beberé tus aguas, mi sed, la tuya, la de todos los posibles ausentes en los lugares ausentes, en mi carne racionada.

Aún te espero, nunca llegaras a la hora exacta en que mi medio día se posa en mi anochecer, y veras mi amanecer ya envuelto en finos trajes, danzando solitariamente al compás de Beethoven, moviendo los huesos, los ojos, los cabellos, las pieles, las caricias, las intensiones, las palabras, los afectos, la vida; la vida que baila un sin fin de bullicios, la vida confundida entre el temor y la gloria, entre tu piel y la mía. En esta esquina ausente en la que me encuentro, antiguamente vivida.


III

- ¿Por qué me miras de esa manera? Sé lo que haces en esta esquina por tantos transitada, he sabido por obra propia que me esperas hace ya largo tiempo; no tienes que esconderte de nuestras intenciones humanas, no tienes que hablar ya que tus piernas lo hacen por ti.

- ¿De que otra manera miraría yo la sombra que yace oculta en mi piel?

- De la misma manera que me miras cuando me encuentro tras de ti mientras te contemplas en el espejo. No conozco yo otra razón para tus palabras hambrientas por mi piel.

-no acuses mis palabras de herejes, sabes quien sería yo y sabes quien soy. Tu presencia siempre me ha incomodado de manera extraña, cuándo me tocas, siento el mundo entrar en mi interior, cuando te escucho, el silencio cambia de color, se muda todo al inconsciente de mis palabras.

- ¿eso crees?

- Eso siento, eso siento; eso sientes tú también cuando me habitas. Sé que cuando me tocas palpita tu bruma, nada se dispersa en ninguna dirección, en ningún momento, en nada, nada.

- Deberías callar para siempre, tu lengua solo se mide con la mancha de tu sangre sobre mi piel; tus palabras no me absorben lo suficiente como para entenderte, ¿crees que verdaderamente siento algo?

- ¿tú? (risa) sientes el silencio explotar en tu cabeza, la sed eterna que suspira por un beso extraño y sin sentido; te esperanzas en sentir todos los sabores posibles que se te presentan en el camino, ¿acaso no has visto ya tu rostro tantas veces como para saberlo?

- sabes que no puedo hacerlo. Nunca me has permitido beber todas las lágrimas que has derramado en mi ausencia, ¿Cómo poder conocer mi rostro cuando tú sólo me permites tocarte en mi ausencia y luego de ello me extrañas? Cómo si nunca estuviera contigo.

- Sabes que siempre me abandonas, cuando intento tocarte te esfumas dejando simplemente los rasguños en la pared, si, escucho tus gritos en mi cabeza, tus gritos, tus latidos, tus temores, todas tus palabras perdidas que sólo en mí encuentran abrigo. Todo lo que produces, sabes que lo produces en mí y sólo en mí.

- Es hora de morir tal vez, no puedes cargar con tantos recuerdos grises que solo empañan este espejo en el cual nos encontramos, camina hasta aquella esquina y simplemente mírame desaparecer desde ahí; no mereces ni la piel que te cubre, simplemente eres un disfraz de puta con el antifaz del demonio.

-¿Y tú quien te crees? ¿Acaso aquel nazareno salvador?

- Deberías conocer tus palabras antes de herir lo venerable, no me castigues porque sabes que te duele. Sé que crees en mi tanto como yo creo en ti.

- Deberías saber que no creo en ti.

- Lo sé.

- ¿Entonces que esperas de mí? Solo puedo ofrecer lo que me has dado desde mi caída, solo puedo mirar lo que mis rodillas me muestran y lo único que puedo encontrar es tu rostro remojado en mi llanto, es tu palabra revuelta con la mía.

- Basta, Sólo basta. Estoy cansado de morir por tanto tiempo; sólo contémplame desde tu esquina transitada por tus tantos demonios.

- Sabes que siempre lo haré.

- La eternidad tan sólo es visible cuando el siempre que nos acompaña es dicho con el corazón, ¿Qué sabes tú del corazón? Solo te queda la indigencia en la que hiendes.

- Este corazón que cargo entre mis huesos no esta mas podrido que el que mueve tus propósitos, no es más que el reflejo oscuro de lo que amas.

- Ahora que hablas de amor, deberíamos hacerlo, si es que algo como eso se puede hacer de tal manera. Toma mis manos que te sostienen, cierra los ojos que me miran, ahora puedes sentir la vida.

- La vida, que palabra tan extraña.

IV

Recuerdo que me gustaba tomar café en la madrugada, levantarme cuando el sol estaba aun intentando vivir en lo más profundo que puede existir en mí. Sentía el ardor, el calor que consumía mis visiones, todo era una chispa moribunda que me ataba a las cenizas en las cuales mis dedos dibujaban mi propio rostro y éste me miraba como a través de un espejo gastado en el cual sólo se distinguen las siluetas sin borde, sin corazón.

Distingo mis cabellos porque me cubren los ojos, todo lo que miro los posee en cierto grado, en cierta semejanza a mi mismo y a todo lo demás que me envuelve en el melancólico suspiro que he profesado.

Bajo este recuerdo puedo pensar claramente en las posibilidades que me asisten, un cuchillo, yo; un sólo pasaje adornado por el filo sangriento de mi voluntad asesina, de mi enferma soledad que acompañas desde tu reflejo. Quisiera quitarte la luz que me otorgaste hace ya muchos soles, ese maquinal acto de vivirme como un muerto impasible de sí mismo.

Puedo advertirte que tengo hambre de ti, de tus huesos pálidos que suenan en el fondo carcomido de mis presentimientos, de tus largos dedos que sostienen mi cáncer visceral en mis labios que en tu presencia sangran, de tus luceros encendidos que oscurecen la bruma y la pintan de azur, de tus poros abiertos a todos los sentidos, de tu fe ciega que te hace tropezar firmemente contra mi pecado; tengo hambre del cristal lánguido en que te asomas, del susurro endeble que pronuncio, de todo cuanto olvidas para crearlo nuevamente; así, a tu manera tan sutil.

Creo que es el momento de alimentar mi propio cuerpo, ya he sido lo suficientemente complaciente con en huésped incierto que me perturba. Pronto, muy pronto podré reír nuevamente sin mirar al espejo.

V

Recuerdo tus palabras, - no somos una caja de sorpresas, no, somos la sorpresa misma. (Tres horas en silencio mirando el espejo)

Hoy me llevaré a la boca tu sabor amargo, habitaras en mí sin el disfraz de muralla o de un simple recuerdo; lentamente penetraras mi cuerpo, me harás sangrar la pasión de ramera que poseo, aquella que ha sostenido mis huesos cubiertos con esta manta porosa durante tantas lunas.

El dolor es tan sólo una oportunidad de sentirnos vivos, es solamente el bosquejo de nuestra humanidad, aquella condena que corre por nuestra sangre desde tiempos inmemorables, que gracias a dos almas como nosotros ha recorrido el tiempo para servirnos nuevamente, de esta manera tan real.

Nuestro augurio fue escrito con nuestra propia sangre sobre pieles ajenas, ha dicho nuestro profeta que tú eras mío y que yo te pertenecía, el viento trajo a mis oídos la palabra de dios y el se ha pronunciado:

VI

Ah, como mover lo que ya no poseo, mi voluntad ha devorado tu actuar, me has colmado con tu aliento sórdido y tu piel espesa. Nuestra voz se ha aplacado al borde de tu morada ahora rota, deshecha en mil pedazos por todas mis esquinas. La sangre me brota de todos los miembros y no se me es posible tragarla más, mi sed ha sido consumida por la sangre, por la tuya, por mía que son la misma.

La unión de todos los pecados en un mismo recinto ha conjugado el infinito en una misma visión, y es ahora cuando todo tiene un sentido, todo confluye en una ola segmentada de divinas palabras que suavizan la vida.

Este mundo oscuro me abre las puertas y cruzo al otro lado, donde tu compañía desvanece el miedo de mirar nuevamente al espejo.

Voces del magnetismo



Pasión perdida


Pálida paciencia perdida por partes,
por pensar,
por promover pensamientos.
Principios propuestos por pocos pacientes,
perdidos, poco para pocos.
Pobre paisaje
pero perfecta primavera.

Parar, pensarte…
¿Parar para pensarte?
¿Para perfeccionar palabras?
¿Para poseer paciencia?
Permuto pecados por placer.
¡Pobre payaso!
Por preocuparse perdió prudencia
perdió piezas para poder pensarte.
Patético personaje.
Pobre prostituta.



Concepción Física

Movimiento.
Una celeridad de sensaciones
que se definen más distantes al tiempo
que surgen ante el contacto.
Fuerza.
Cúmulo de estrellas que chocan
generando una explosión,
miasmas disueltos en la oquedad.

Aceleración.
Efluvio sanguíneo,
el barco tras la estrella inalcanzable,
un corazón en la mano que propicia el terremoto.
Masa.
Cuerpos tendidos sobre el cielo,
ruptura de la unidad y paso a la unidad,
incógnita en piel nocturna.
Finalidad.
Camino señalado por las sombras
de cuerpos a los cuales seguir
mientras me diluyo en tus lágrimas.




Destino

Demonios danzan,
diferentes destinos.
Dos demonios danzando dormidos,
despiertan durante décadas.
Después, durante días
demandan dolores.
Demencia dormida,
dominada, disfrazada.
Delicados dedos
danzan durante décadas.
Dios, donador divido de dolencias, dará.
Debemos dominarlo, Dirán.
Demasiados delincuentes,
deformes demonios
de diferentes danzas.

¡Dados de Dios!
Dados, dos dados
dan destino,
danzando, dispares.

Sudores...



Erecto


Sin mas alimento que un cuerpo,
el deseo lo acompaña por apetito,
esa lívida mirada evaporando las ropas
pasando impuros salivazos a través de la garganta.

Ese único pensamiento adornando el cerebro
como viajero perdido en la niebla,
las carnes que lo llaman, los silencios
lo excitan, pero sólo el demonio se alza.

Perforar, atravesar, clavar, mirar sin tocar,
ese líquido que lacera en el cielo provocando
la lluvia, esa lluvia que cae al desierto
y hace brotar la lujuria.

La torre esta erecta y ha penetrado
al cielo, un orgasmo que exhala
el vapor de los cuerpos tendidos
sobre las agujas del reloj.

Las prisas se han hecho prisioneras
de los labios que llevan el puñal
entre las piernas, las pesadillas de
ensueño, los encantos de la noche.

La figura escueta se ha forzado
como el murmullo en la sordera
y hacia el muro lanza besos y palabras
con el puñal en la mano en señal de amenaza.



A solas


Parada en el silencio,
recorriendo espacios
que humedecen las lenguas
en contacto intimo.

Las manos caen, se elevan,
se transportan a otras piernas,
un cuerpo de cuerpos
que no se limita,
una voz que no grita,
un dedo que no señala,
pero que en movimiento,
le hace saber que es ella
de quien se trata.

A solas,
al borde del fuego,
ardiendo en húmedas llamas,
lentamente cayendo,
el ombligo avisa que pasa,
un arete, una lengua,
sudor viscoso.

Ella ríe, a solas.

Toma agua sin tener sed,
rebosa la piel,
el líquido seminal es
un vacío total.

Cierra los ojos,
los senos avivan,
poros que explotan
sin chispa que detone.

A solas,
siente que viene,
unos minutos de silencio
y el calor decae en lluvia.

Ella ríe a solas.

La masturbación es un acto fallido.


Yo también he sido sexo


Yo también he sido sexo,
carne palpitante sin vibración propia.
He sido ondulación, senil,
manchado a veces con sangre ajena.

Presenciando orgasmos mecánicos
al son explosivo de los cuerpos,
el cerebro erecto engaña,
la gran verdad oculta entre las piernas.

El encanto de la fémina es su caminar sereno,
su sexo me pertenece, a sabiendas de mi ausencia;
me postro en su pecho, lamo sus ojos,
la camino lentamente, la desgarro sin afán.

Yo también he sido sexo,
huellas dormidas en alguna parte,
humedad que baja por el cuello,
labios mordidos, uñas locas que gritan
mi nombre sin saberlo.

Evocando los suspiros me precipito hacia algún abismo,
he sido victima de mi engaño,
de mi alteración efímera,
te tomo y te desecho, tan reutilizable,
absurdamente sensible y penetrable.

El encanto de las féminas esta en su caminar sereno,
esa incitación voluptuosa que me llama en su mirada.

He sido sexo en sus murallas, en sus cielos, en sus calurosos
lechos excito la violencia,
me degenero y me contengo, coqueteo,
gimo para no perder el encanto.

Al final de la noche en la cual he sido sexo,
me vengo,
me voy…