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Prosa - Al otro lado del Espejo


I

Y dije: si fuera mujer sería una puta. Todos los placeres que podría otorgar estarían sujetos al movimiento de mi cuerpo insensible bajo el cobijo de un diferente hombre cada noche, ¡no! , más de un hombre por noche, más de un cuerpo solitario, ebrio e insensato.

¿Que mas podría yo esperar de un hombre? ¿Qué más podría yo esperar? Dímelo, maldito hombre que me habitas, que esperas del mundo sino putas, vaginas, tetas y demás. Me he cansado de esta visión tan común. Si, lo repito, si fuera mujer sería una puta. No amo el dinero pero puedo aprender a quererlo de igual manera que puedo querer a todos los hombres que lo poseen, puedo caminar con las piernas abiertas por todos los lugares, prestándome, siendo una asesina de la virginidad y promotora de la obscenidad.

Además, si tus manos han estado entre tus propias piernas, te prestaría las mías para que me urges, para que toques mi alma de mujer abandonada en las calles por mí misma. Mis necesidades no se pueden saciar, ¿sabes de qué me alimento? No, no me gusta saborear el pecado, mi alimento es el orgullo, no son lo suficientemente hombres como para obtener amor sin dinero, si, crees que él maneja el mundo. Compra un lujoso auto y márchate al infierno. Te estaría esperando. Esto si fuera mujer.

Si fuera mujer, sembraría en mi vientre la semilla de tu carne, saciaría con gusto tu apetito, te haría de comer siendo yo tu alimento, beberías mi sudor ajeno al morder mi piel, sería yo la noche por todos vista, cada estrella en mí sería un beso ya vendido.

Me alojaría en la oscuridad de las esquinas por tantos transitadas, una palabra que va, una proposición que llega, dos cuerpos que se van y uno solo que regresa. Una rutina que varía de cuerpos, de tamaños, de voces y sensaciones. Si fuera mujer y fuera una puta; no tendría temores, sería yo una mujer, una puta y un demonio; mi propio demonio. Saldría cada noche en el carro del desasosiego abrigando la ilusión de volver más tarde, después de inyectar de placer a mi posible asesino.

Soy un hombre y soy una puta, soy mujer y soy mi propio cliente; soy el despojo que usurpa mi propia cama, penetro alegremente mi llanto para esperanzarme en el abismo que a todos nos cobija; vivo de la ilusión de mi propia mirada sobre mis propios ojos, sobre mi ser propio e impropio.

Ah, ¿Por qué no puedo simplemente entregarme sin cobrar? ¿Por qué hay más confianza en un precio? También necesito amar, sentirme deseado; aunque sea un momento, aunque sea una simple alucinación que se presenta ante un espejo cada mañana, ahí, con un vestido largo, adornado con ojos que me miran, con dedos que me tocan y silencios que me confortan.

II

Tengo los ojos cansados de mirar siempre lo mismo, una habitación, un solo cuerpo, un mismo instante, un mismo rostro que se refleja en el espejo y que no para de reír; maldito, te burlas de mí, ¿no sabes que soy tú? Tu risa te burla, te estanca, te mata y a mi también.

Te marchas, regresas y nuevamente habitas un simple reflejo ausente; sabes que te espero con ansias y no vuelves, miro el reloj, cada vez el tiempo se traga un poco mas de mi angustia, me pregunto ¿Dónde estas? Miro el espejo y te veo, pero no eres tú, soy yo que te tengo atrapado en mis pupilas ardientes, cuan ultima visión antes de la muerte. Te grito, pero solo yo escucho la voz que se propaga entre el humo del cigarrillo consumido en el suelo. Me he parado a buscarte más de diez veces, bajo la cama, sobre mi cama, en el baño, en el closet, en el humo, en el silencio, en la oscuridad de la calle, en los pasos de los zapatos sin dueño ahora, en todas tus cosas que ahora son mías; en todos los recuerdos que me llegan y que prosiguen generándose solos, como si solo vivieras en mi cabeza, como si solo para mí vivieras en el recuerdo de un muerto que pronto llegará a consumir todo este momento que ahora me consume.

Sé que aun no has muerto, sé que estas vagando sobre las calles que reposan en mi mundo exterior, en todo lo que existe por fuera de mí. Pero aún así no dejo de extrañarte, fuiste mi mejor postor, me diste lo que nunca pedí, lo que nunca soñé en mis mil vidas y lo que nunca soñaré en ésta que me queda; pero en tu huida me ha quedado un verso marcado en los tímpanos, el cual suena y suena perforando mi razón en un déjà vu. Esta música me lleva en su viaje al pasado, los sonetos muertos que remueven mi cerebro, y aún así me pregunto por ti; llegarás cuando me encuentre dormido, gritaras a mi nombre y dormirás tranquilamente. Y después, levantaré mi cuerpo para buscarte y no estarás ahí, en tu cama, en tu rincón, con tus piernas encogidas. Y mientras tanto yo; ya no tendré cigarros sobre la mesa.

Luego caminaré por las esquinas impregnando mi llanto, simplemente mirando la lluvia retorcer el cielo, el infierno azul que nos espera, allá, lejos del presente en que nos encontramos separados por la piel quemada y fresca. Beberé tus aguas, mi sed, la tuya, la de todos los posibles ausentes en los lugares ausentes, en mi carne racionada.

Aún te espero, nunca llegaras a la hora exacta en que mi medio día se posa en mi anochecer, y veras mi amanecer ya envuelto en finos trajes, danzando solitariamente al compás de Beethoven, moviendo los huesos, los ojos, los cabellos, las pieles, las caricias, las intensiones, las palabras, los afectos, la vida; la vida que baila un sin fin de bullicios, la vida confundida entre el temor y la gloria, entre tu piel y la mía. En esta esquina ausente en la que me encuentro, antiguamente vivida.


III

- ¿Por qué me miras de esa manera? Sé lo que haces en esta esquina por tantos transitada, he sabido por obra propia que me esperas hace ya largo tiempo; no tienes que esconderte de nuestras intenciones humanas, no tienes que hablar ya que tus piernas lo hacen por ti.

- ¿De que otra manera miraría yo la sombra que yace oculta en mi piel?

- De la misma manera que me miras cuando me encuentro tras de ti mientras te contemplas en el espejo. No conozco yo otra razón para tus palabras hambrientas por mi piel.

-no acuses mis palabras de herejes, sabes quien sería yo y sabes quien soy. Tu presencia siempre me ha incomodado de manera extraña, cuándo me tocas, siento el mundo entrar en mi interior, cuando te escucho, el silencio cambia de color, se muda todo al inconsciente de mis palabras.

- ¿eso crees?

- Eso siento, eso siento; eso sientes tú también cuando me habitas. Sé que cuando me tocas palpita tu bruma, nada se dispersa en ninguna dirección, en ningún momento, en nada, nada.

- Deberías callar para siempre, tu lengua solo se mide con la mancha de tu sangre sobre mi piel; tus palabras no me absorben lo suficiente como para entenderte, ¿crees que verdaderamente siento algo?

- ¿tú? (risa) sientes el silencio explotar en tu cabeza, la sed eterna que suspira por un beso extraño y sin sentido; te esperanzas en sentir todos los sabores posibles que se te presentan en el camino, ¿acaso no has visto ya tu rostro tantas veces como para saberlo?

- sabes que no puedo hacerlo. Nunca me has permitido beber todas las lágrimas que has derramado en mi ausencia, ¿Cómo poder conocer mi rostro cuando tú sólo me permites tocarte en mi ausencia y luego de ello me extrañas? Cómo si nunca estuviera contigo.

- Sabes que siempre me abandonas, cuando intento tocarte te esfumas dejando simplemente los rasguños en la pared, si, escucho tus gritos en mi cabeza, tus gritos, tus latidos, tus temores, todas tus palabras perdidas que sólo en mí encuentran abrigo. Todo lo que produces, sabes que lo produces en mí y sólo en mí.

- Es hora de morir tal vez, no puedes cargar con tantos recuerdos grises que solo empañan este espejo en el cual nos encontramos, camina hasta aquella esquina y simplemente mírame desaparecer desde ahí; no mereces ni la piel que te cubre, simplemente eres un disfraz de puta con el antifaz del demonio.

-¿Y tú quien te crees? ¿Acaso aquel nazareno salvador?

- Deberías conocer tus palabras antes de herir lo venerable, no me castigues porque sabes que te duele. Sé que crees en mi tanto como yo creo en ti.

- Deberías saber que no creo en ti.

- Lo sé.

- ¿Entonces que esperas de mí? Solo puedo ofrecer lo que me has dado desde mi caída, solo puedo mirar lo que mis rodillas me muestran y lo único que puedo encontrar es tu rostro remojado en mi llanto, es tu palabra revuelta con la mía.

- Basta, Sólo basta. Estoy cansado de morir por tanto tiempo; sólo contémplame desde tu esquina transitada por tus tantos demonios.

- Sabes que siempre lo haré.

- La eternidad tan sólo es visible cuando el siempre que nos acompaña es dicho con el corazón, ¿Qué sabes tú del corazón? Solo te queda la indigencia en la que hiendes.

- Este corazón que cargo entre mis huesos no esta mas podrido que el que mueve tus propósitos, no es más que el reflejo oscuro de lo que amas.

- Ahora que hablas de amor, deberíamos hacerlo, si es que algo como eso se puede hacer de tal manera. Toma mis manos que te sostienen, cierra los ojos que me miran, ahora puedes sentir la vida.

- La vida, que palabra tan extraña.

IV

Recuerdo que me gustaba tomar café en la madrugada, levantarme cuando el sol estaba aun intentando vivir en lo más profundo que puede existir en mí. Sentía el ardor, el calor que consumía mis visiones, todo era una chispa moribunda que me ataba a las cenizas en las cuales mis dedos dibujaban mi propio rostro y éste me miraba como a través de un espejo gastado en el cual sólo se distinguen las siluetas sin borde, sin corazón.

Distingo mis cabellos porque me cubren los ojos, todo lo que miro los posee en cierto grado, en cierta semejanza a mi mismo y a todo lo demás que me envuelve en el melancólico suspiro que he profesado.

Bajo este recuerdo puedo pensar claramente en las posibilidades que me asisten, un cuchillo, yo; un sólo pasaje adornado por el filo sangriento de mi voluntad asesina, de mi enferma soledad que acompañas desde tu reflejo. Quisiera quitarte la luz que me otorgaste hace ya muchos soles, ese maquinal acto de vivirme como un muerto impasible de sí mismo.

Puedo advertirte que tengo hambre de ti, de tus huesos pálidos que suenan en el fondo carcomido de mis presentimientos, de tus largos dedos que sostienen mi cáncer visceral en mis labios que en tu presencia sangran, de tus luceros encendidos que oscurecen la bruma y la pintan de azur, de tus poros abiertos a todos los sentidos, de tu fe ciega que te hace tropezar firmemente contra mi pecado; tengo hambre del cristal lánguido en que te asomas, del susurro endeble que pronuncio, de todo cuanto olvidas para crearlo nuevamente; así, a tu manera tan sutil.

Creo que es el momento de alimentar mi propio cuerpo, ya he sido lo suficientemente complaciente con en huésped incierto que me perturba. Pronto, muy pronto podré reír nuevamente sin mirar al espejo.

V

Recuerdo tus palabras, - no somos una caja de sorpresas, no, somos la sorpresa misma. (Tres horas en silencio mirando el espejo)

Hoy me llevaré a la boca tu sabor amargo, habitaras en mí sin el disfraz de muralla o de un simple recuerdo; lentamente penetraras mi cuerpo, me harás sangrar la pasión de ramera que poseo, aquella que ha sostenido mis huesos cubiertos con esta manta porosa durante tantas lunas.

El dolor es tan sólo una oportunidad de sentirnos vivos, es solamente el bosquejo de nuestra humanidad, aquella condena que corre por nuestra sangre desde tiempos inmemorables, que gracias a dos almas como nosotros ha recorrido el tiempo para servirnos nuevamente, de esta manera tan real.

Nuestro augurio fue escrito con nuestra propia sangre sobre pieles ajenas, ha dicho nuestro profeta que tú eras mío y que yo te pertenecía, el viento trajo a mis oídos la palabra de dios y el se ha pronunciado:

VI

Ah, como mover lo que ya no poseo, mi voluntad ha devorado tu actuar, me has colmado con tu aliento sórdido y tu piel espesa. Nuestra voz se ha aplacado al borde de tu morada ahora rota, deshecha en mil pedazos por todas mis esquinas. La sangre me brota de todos los miembros y no se me es posible tragarla más, mi sed ha sido consumida por la sangre, por la tuya, por mía que son la misma.

La unión de todos los pecados en un mismo recinto ha conjugado el infinito en una misma visión, y es ahora cuando todo tiene un sentido, todo confluye en una ola segmentada de divinas palabras que suavizan la vida.

Este mundo oscuro me abre las puertas y cruzo al otro lado, donde tu compañía desvanece el miedo de mirar nuevamente al espejo.

Soy...


Soy una bomba, un silencio perdido en esquinas transitadas por cuerpos sórdidos que se filtran por caricias sexuadas. Soy una penetración, una idea de ella. Soy un bostezo de tedio incrustado en los ojos de soles opacos que tan sólo iluminan la muerte.

Soy un fragmento de mi propia extensión, una dilatación lenta y sin dolor que trepa por vaginas húmedas por el aliento de otro hombre. Soy un sudor del abdomen que baja por el ombligo y llega a la vulva; soy un sueño erótico, una chispa de inconsciencia. Soy un rumor, un payaso buscando un mimo para regalarle su voz. Soy un transeúnte que deambula los bares, las cantinas, billares y prostíbulos. Soy un rapto de la memoria, escondido en voces enfermas de hombres hambrientos, soy una mañana iluminada por ojos que brillan por otros cuerpos. Soy una cadena atada a la voluntad de un perro, soy una fruta del jardín del edén.

Soy un lamento en la colina, que se levanta altivo en mañanas en que la vida se ausenta, soy una nave espacial que ha visitado todos los destinos existentes y en ellos he impregnado mi olor, mi calor, mi sudor.

Soy un marinero que no conoce el mar y no lo quiere conocer, soy una sombra de un cuerpo extinto que se oculta en otras sombras para pasar desapercibido, soy un oscuro rincón que nadie visita, que nadie conoce, que nadie ha visto.

Soy un ave con alas de plomo que vuela por cielos de asfalto y mareas de ansiedad, una visión psicotica, un estepario, un paria virginal, una violación, un agravio, un niño perturbado entre sonidos confusos. Soy una penetración de la noche, un mal augurio, un tiburón sin presa y una presa sin temor.

Soy una canción de un artista desconocido, una nube de lluvia acida, un dinosaurio con alas de cuervo que se devora a si mismo para calmar el hambre de sexo oscuro.

Soy un asesino amoroso que persigue el olor a menstruación, a senos perfumados con la colonia más cara.

Soy una ventana abierta a contemplaciones, un ojo que contempla y un cuerpo que no será contemplado, soy un aullido de un nuevo engendro, soy una piedra de colores que se atraviesa en los caminos, soy un mancha, un prófugo del infierno que ha cautivado vírgenes del culo y las ha destrozado, soy la sangre que brota en los labios de aquellas que muerden, soy el odio que se impulsa en todas las direcciones, soy un astro en llamas de galaxias precoses, soy un gemido de sexo, soy sexo mismo, sexo puro.

Soy fuego de lluvias, sabanas manchadas con gritos, soy un demente en reposo, soy la palabra guardada para otra ocasión, soy la oportunidad que se va como una flecha.

Soy un duende que acaba de nacer pero se ha suicidado entre monedas de avaricia y tetas grandes. Soy un prisionero de mi propio cuerpo.

Yo soy, Yo puedo…

Prosas: Fragmentos de locura






La Locura y el Loco


Esta oscuridad me permite ver lo que los ojos no pueden, cantemos al silencio, canta a mis huesos que todo lo que promulgan, la palabra del hombre siempre carga con lo frágil de su conciencia: sus pecados, sus errores, sus vidas tan falsas. Todos son engendros de mi piel, de cada uno de mis poros, de cada latido fugaz que mi corazón muestra a mis vértebras cubiertas con esta maldita camisa.

Cantemos al silencio, cantemos a la tierra, grita que yo no soy nadie, grítale a la tierra que no puede tragarme como lo ha hecho con los demás. Yo no soy la resignación de la humanidad que se lamenta, no soy la lagrima seca que derramo el cielo. Cantemos al cielo que escucha el silencio en los huracanes florecidos en el fondo de mis ojos hambrientos. Yo soy las paredes de mí alrededor y todo lo que se extiende sobre el tapiz de la vida.

Todos los secretos son mudos y se extienden por los poros hambrientos de sonidos extraños, hambrientos de miradas taciturnas, hambrientos de risa, de lluvia, pero ella, la tierra ha consumido todo lo que se ha dicho, ha consumido el rincón que bajo las nubes aflora, ha consumido el férvido aire que me abriga, ha consumido mi propia mirada, y ahora, mis ojos me aborrecen, siempre observan los que mi cerebro no comprende; esta tierra que sangra y dibuja tu ausencia corazón mío, sangre mía, piel mía, mi propia vida consumida bajo el tiempo de inmóviles pestañas, esta vida que se consume entre paredes de hospitales y verdes paisajes adornados con el color de la noche. Debemos cantar, cantar a la noche que deviene asesina entre mis brazos, noches de lunas y soles tristes, noches de lluvias amargas y nubes excitadas en mis cabellos, noches de sexo en solitario, noches vendidas al frió y a la oscuridad que canta y danza entre esta camisa que me aferra a la tranquilidad comprada.

Cantemos pues a la cruz vacía donde Dios se ha consumido, cerrojo de clavos y espinas que en todas las direcciones bulle, salta, corre, grita y explota como un infante caído en una extraña guerra.

Cantemos camino de luz en dirección del ocaso, cantemos mis semejantes nuestras miserables faltas a la tierra que nos consume, tan segmentados.

Ración nocturna para el loco de turno.




Regocijo

Me inclinaste claramente por el camino equivocado, ¿desconoces acaso el destino que me espera en sus manos? Sabes bien lo que me aguarda, sí que lo sabes, tú que todo lo sabes. Has hecho de mí un títere más de la función diurna que se presenta en tu teatro. No quiero actuar de esta manera, pero sabes que no lo quiero y aún así me haces tragar la saliva no generada.

Déjame caminar un poco más, no quiero ir de su mano, quiero caminar solo, darme un tiempo para pensar lo que ustedes ya pensaron por mí. Ya que soy dos almas, la que tú me diste, y la que tú le diste. Ángel y demonio, pensamiento piadoso y acto vengativo,
poseo la cordura y concibo la locura, amo tan firmemente como odio y muy en el fondo lo disfruto.

¿Por qué?

Estas marcas en mi piel no se deshacen con aceite hirviendo, son mis huesos, no, no, son ustedes. Blanco y negro, ¿Quién es la mancha y quién la culpa? Soy más negro que blanco, disfruto el silencio de mi voz aplacada por la sinceridad del amor. Hm

¿Verdaderamente tengo voz? siento que mis palabras provienen de otras tierras, de otros vientos deteriorados por las mentes extrañas de mi interioridad magnética. Necesito librarme de ustedes, pero eso ya lo saben, como no saberlo, todo lo saben, saben el entusiasmo del sí y la euforia del no. Y quisiera saber yo quien de ustedes mueve mis cuerdas vocales al cielo, allá donde se encuentra el secreto de la luna y del tenebroso
infierno morado.

Sutiles vorágines internos de la realidad, de la falsa verdad que ustedes me inventaron, no quiero adorar estatuas de carne, no quiero mentir, no deseo sentir la muerte con mi lengua porque me sabe amarga, tampoco quiero recibir su amor, aunque sus mentes que son la mía la soporten, mi carne es débil y mi corazón no es tan grande.

No me den sabiduría, no quiero poseer la carga de la esquizofrenia en dos pies, déjala en reposo para cuando mi cuerpo este en cenizas o para cuando necesite mentirme con la realidad de la bruma.
No me presten sus cantos, no me retornen al mundo; no me engañen con sus vidas falsas, con la mía tan falsa.

Ustedes, ¿quiénes son? ¿Jesús, Satán? ¿Madre, padre? ¿Vida, muerte?

No, no reconozco sus flacas carnes, mi regazo se ha perdido en el emblema que cargan los dementes entre sus ojos, no, ustedes no están en mi, sólo mi sangre está en mi y todo lo demás ya está muerto entre la frondosa ciudad de nubes ardientes y de crepúsculos pasajeros, déjenme en paz, si es que existe tal cosa, si es que existo yo.

Silencio.

Siento que alguien se acerca con pasos rápidos, es la locura, les dije que no la quería, no quiero conocer ese amor, rápido escóndanme en las sombras aullantes para espantar el deseo. En verdad no quiero nada. Sólo el silencio que desde mi interior me pide tranquilidad para poder pensar en los sueños de los perros callejeros, quiero compartir su necesitad por el desprecio, para sentirme un noble animal.

Ah, ya se ha ido, maldita locura, te alejaste como las ratas en el regocijo de la peste en pleno sacrilegio. Maldito es aquel profano que mancilla los nombres de los dioses, maldito yo, mil veces maldito, mi carne es sacrílega porque soy una criatura noble y no distingo otro paraíso, tan sólo el de la avaricia y la ebriedad.

Ah, ya se van, tan pronto, pensé que sería eterno el desplacer de su mala visita, es un honor volver al sueño, la hipnosis recreada de mi erótica libertad.

Saluden de mi parte al joven Romeo, cuéntenle que igual que él morí por amor, el amor propio de la inmadurez, todo un prospecto de la maniática juventud.

Y ustedes, oren por mí. Para que jamás me tope de nuevo en su camino, ahora denme mi lira y déjenme contemplar mis musas en la oquedad de mis sentidos, vuelvo a la reminiscencia de vidas pasadas, allá cuando fui un dios desposeído.