
Regocijo
Me inclinaste claramente por el camino equivocado, ¿desconoces acaso el destino que me espera en sus manos? Sabes bien lo que me aguarda, sí que lo sabes, tú que todo lo sabes. Has hecho de mí un títere más de la función diurna que se presenta en tu teatro. No quiero actuar de esta manera, pero sabes que no lo quiero y aún así me haces tragar la saliva no generada.
Déjame caminar un poco más, no quiero ir de su mano, quiero caminar solo, darme un tiempo para pensar lo que ustedes ya pensaron por mí. Ya que soy dos almas, la que tú me diste, y la que tú le diste. Ángel y demonio, pensamiento piadoso y acto vengativo,
poseo la cordura y concibo la locura, amo tan firmemente como odio y muy en el fondo lo disfruto.
¿Por qué?
Estas marcas en mi piel no se deshacen con aceite hirviendo, son mis huesos, no, no, son ustedes. Blanco y negro, ¿Quién es la mancha y quién la culpa? Soy más negro que blanco, disfruto el silencio de mi voz aplacada por la sinceridad del amor. Hm
¿Verdaderamente tengo voz? siento que mis palabras provienen de otras tierras, de otros vientos deteriorados por las mentes extrañas de mi interioridad magnética. Necesito librarme de ustedes, pero eso ya lo saben, como no saberlo, todo lo saben, saben el entusiasmo del sí y la euforia del no. Y quisiera saber yo quien de ustedes mueve mis cuerdas vocales al cielo, allá donde se encuentra el secreto de la luna y del tenebroso
infierno morado.
Sutiles vorágines internos de la realidad, de la falsa verdad que ustedes me inventaron, no quiero adorar estatuas de carne, no quiero mentir, no deseo sentir la muerte con mi lengua porque me sabe amarga, tampoco quiero recibir su amor, aunque sus mentes que son la mía la soporten, mi carne es débil y mi corazón no es tan grande.
No me den sabiduría, no quiero poseer la carga de la esquizofrenia en dos pies, déjala en reposo para cuando mi cuerpo este en cenizas o para cuando necesite mentirme con la realidad de la bruma.
No me presten sus cantos, no me retornen al mundo; no me engañen con sus vidas falsas, con la mía tan falsa.
Ustedes, ¿quiénes son? ¿Jesús, Satán? ¿Madre, padre? ¿Vida, muerte?
No, no reconozco sus flacas carnes, mi regazo se ha perdido en el emblema que cargan los dementes entre sus ojos, no, ustedes no están en mi, sólo mi sangre está en mi y todo lo demás ya está muerto entre la frondosa ciudad de nubes ardientes y de crepúsculos pasajeros, déjenme en paz, si es que existe tal cosa, si es que existo yo.
Silencio.
Siento que alguien se acerca con pasos rápidos, es la locura, les dije que no la quería, no quiero conocer ese amor, rápido escóndanme en las sombras aullantes para espantar el deseo. En verdad no quiero nada. Sólo el silencio que desde mi interior me pide tranquilidad para poder pensar en los sueños de los perros callejeros, quiero compartir su necesitad por el desprecio, para sentirme un noble animal.
Ah, ya se ha ido, maldita locura, te alejaste como las ratas en el regocijo de la peste en pleno sacrilegio. Maldito es aquel profano que mancilla los nombres de los dioses, maldito yo, mil veces maldito, mi carne es sacrílega porque soy una criatura noble y no distingo otro paraíso, tan sólo el de la avaricia y la ebriedad.
Ah, ya se van, tan pronto, pensé que sería eterno el desplacer de su mala visita, es un honor volver al sueño, la hipnosis recreada de mi erótica libertad.
Saluden de mi parte al joven Romeo, cuéntenle que igual que él morí por amor, el amor propio de la inmadurez, todo un prospecto de la maniática juventud.
Y ustedes, oren por mí. Para que jamás me tope de nuevo en su camino, ahora denme mi lira y déjenme contemplar mis musas en la oquedad de mis sentidos, vuelvo a la reminiscencia de vidas pasadas, allá cuando fui un dios desposeído.


No hay comentarios:
Publicar un comentario