
Soy una bomba, un silencio perdido en esquinas transitadas por cuerpos sórdidos que se filtran por caricias sexuadas. Soy una penetración, una idea de ella. Soy un bostezo de tedio incrustado en los ojos de soles opacos que tan sólo iluminan la muerte.
Soy un fragmento de mi propia extensión, una dilatación lenta y sin dolor que trepa por vaginas húmedas por el aliento de otro hombre. Soy un sudor del abdomen que baja por el ombligo y llega a la vulva; soy un sueño erótico, una chispa de inconsciencia. Soy un rumor, un payaso buscando un mimo para regalarle su voz. Soy un transeúnte que deambula los bares, las cantinas, billares y prostíbulos. Soy un rapto de la memoria, escondido en voces enfermas de hombres hambrientos, soy una mañana iluminada por ojos que brillan por otros cuerpos. Soy una cadena atada a la voluntad de un perro, soy una fruta del jardín del edén.
Soy una ventana abierta a contemplaciones, un ojo que contempla y un cuerpo que no será contemplado, soy un aullido de un nuevo engendro, soy una piedra de colores que se atraviesa en los caminos, soy un mancha, un prófugo del infierno que ha cautivado vírgenes del culo y las ha destrozado, soy la sangre que brota en los labios de aquellas que muerden, soy el odio que se impulsa en todas las direcciones, soy un astro en llamas de galaxias precoses, soy un gemido de sexo, soy sexo mismo, sexo puro.
Soy un duende que acaba de nacer pero se ha suicidado entre monedas de avaricia y tetas grandes. Soy un prisionero de mi propio cuerpo.
Yo soy, Yo puedo…
