Voces del magnetismo



Pasión perdida


Pálida paciencia perdida por partes,
por pensar,
por promover pensamientos.
Principios propuestos por pocos pacientes,
perdidos, poco para pocos.
Pobre paisaje
pero perfecta primavera.

Parar, pensarte…
¿Parar para pensarte?
¿Para perfeccionar palabras?
¿Para poseer paciencia?
Permuto pecados por placer.
¡Pobre payaso!
Por preocuparse perdió prudencia
perdió piezas para poder pensarte.
Patético personaje.
Pobre prostituta.



Concepción Física

Movimiento.
Una celeridad de sensaciones
que se definen más distantes al tiempo
que surgen ante el contacto.
Fuerza.
Cúmulo de estrellas que chocan
generando una explosión,
miasmas disueltos en la oquedad.

Aceleración.
Efluvio sanguíneo,
el barco tras la estrella inalcanzable,
un corazón en la mano que propicia el terremoto.
Masa.
Cuerpos tendidos sobre el cielo,
ruptura de la unidad y paso a la unidad,
incógnita en piel nocturna.
Finalidad.
Camino señalado por las sombras
de cuerpos a los cuales seguir
mientras me diluyo en tus lágrimas.




Destino

Demonios danzan,
diferentes destinos.
Dos demonios danzando dormidos,
despiertan durante décadas.
Después, durante días
demandan dolores.
Demencia dormida,
dominada, disfrazada.
Delicados dedos
danzan durante décadas.
Dios, donador divido de dolencias, dará.
Debemos dominarlo, Dirán.
Demasiados delincuentes,
deformes demonios
de diferentes danzas.

¡Dados de Dios!
Dados, dos dados
dan destino,
danzando, dispares.

Sudores...



Erecto


Sin mas alimento que un cuerpo,
el deseo lo acompaña por apetito,
esa lívida mirada evaporando las ropas
pasando impuros salivazos a través de la garganta.

Ese único pensamiento adornando el cerebro
como viajero perdido en la niebla,
las carnes que lo llaman, los silencios
lo excitan, pero sólo el demonio se alza.

Perforar, atravesar, clavar, mirar sin tocar,
ese líquido que lacera en el cielo provocando
la lluvia, esa lluvia que cae al desierto
y hace brotar la lujuria.

La torre esta erecta y ha penetrado
al cielo, un orgasmo que exhala
el vapor de los cuerpos tendidos
sobre las agujas del reloj.

Las prisas se han hecho prisioneras
de los labios que llevan el puñal
entre las piernas, las pesadillas de
ensueño, los encantos de la noche.

La figura escueta se ha forzado
como el murmullo en la sordera
y hacia el muro lanza besos y palabras
con el puñal en la mano en señal de amenaza.



A solas


Parada en el silencio,
recorriendo espacios
que humedecen las lenguas
en contacto intimo.

Las manos caen, se elevan,
se transportan a otras piernas,
un cuerpo de cuerpos
que no se limita,
una voz que no grita,
un dedo que no señala,
pero que en movimiento,
le hace saber que es ella
de quien se trata.

A solas,
al borde del fuego,
ardiendo en húmedas llamas,
lentamente cayendo,
el ombligo avisa que pasa,
un arete, una lengua,
sudor viscoso.

Ella ríe, a solas.

Toma agua sin tener sed,
rebosa la piel,
el líquido seminal es
un vacío total.

Cierra los ojos,
los senos avivan,
poros que explotan
sin chispa que detone.

A solas,
siente que viene,
unos minutos de silencio
y el calor decae en lluvia.

Ella ríe a solas.

La masturbación es un acto fallido.


Yo también he sido sexo


Yo también he sido sexo,
carne palpitante sin vibración propia.
He sido ondulación, senil,
manchado a veces con sangre ajena.

Presenciando orgasmos mecánicos
al son explosivo de los cuerpos,
el cerebro erecto engaña,
la gran verdad oculta entre las piernas.

El encanto de la fémina es su caminar sereno,
su sexo me pertenece, a sabiendas de mi ausencia;
me postro en su pecho, lamo sus ojos,
la camino lentamente, la desgarro sin afán.

Yo también he sido sexo,
huellas dormidas en alguna parte,
humedad que baja por el cuello,
labios mordidos, uñas locas que gritan
mi nombre sin saberlo.

Evocando los suspiros me precipito hacia algún abismo,
he sido victima de mi engaño,
de mi alteración efímera,
te tomo y te desecho, tan reutilizable,
absurdamente sensible y penetrable.

El encanto de las féminas esta en su caminar sereno,
esa incitación voluptuosa que me llama en su mirada.

He sido sexo en sus murallas, en sus cielos, en sus calurosos
lechos excito la violencia,
me degenero y me contengo, coqueteo,
gimo para no perder el encanto.

Al final de la noche en la cual he sido sexo,
me vengo,
me voy…